Las Salinas de Janubio, el tablero que regaló el volcán

Antes de las erupciones del siglo XVIII aquí había una bahía abierta. La colada la cerró y dejó tras de sí una laguna salada: justo la condición que hace falta para producir sal. A finales del XIX alguien reparó en ello y empezó a dividirla en tajos.
El método no ha cambiado. El agua del mar entra, pasa de un tajo a otro evaporándose al sol y al viento, y la sal se recoge a mano con la pala. Desde lo alto el resultado es un tablero de cuadros blancos, rosados y ocres que cambian de color según la estación y los microorganismos presentes.
Cuándo ir
El momento es el atardecer: el sol se pone justo detrás de los tajos y los enciende. Hay un mirador en la LZ-2 entre Yaiza y Playa Blanca, poco antes del desvío a El Golfo.
Las salinas son además Sitio de Interés Científico y una parada importante para las aves migratorias. La sal se compra allí mismo y es la que está en las mesas de los restaurantes de la isla.
Anna Borlenghi
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