La mejor hora del día: dónde se bebe mirando cómo el sol cae al Atlántico

Hay algo que en Lanzarote conviene saber el primer día y que casi nadie dice: el sol cae al Atlántico por el oeste y el suroeste. Es decir, que Puerto del Carmen, Costa Teguise y Arrecife — donde está la mayoría de los bares — miran al lado equivocado. Allí el atardecer se intuye; no se ve.
Los sitios que miran bien son pocos y siempre los mismos. Merecen esos veinte minutos de coche.
Famara, si quieres los pies en la arena
Es el mejor atardecer de la isla, y ni siquiera hay competencia. El sol baja tras el océano mientras el macizo de Famara — seiscientos metros de pared a tu espalda — vira al dorado y luego al rojo. Se camina descalzo por la orilla con un vaso en la mano y se entiende por qué hay gente que se muda aquí.
Llévate una sudadera. Famara es el sitio más ventoso de la isla y, en cuanto el sol desaparece, la temperatura cae.
El Golfo, si quieres el paisaje más raro
Aquí la colada del Timanfaya llega casi dentro del mar, y al atardecer pasa algo que hay que ver: la piedra negra se vuelve cobriza. Durante un cuarto de hora la costa entera cambia de color.
El Golfo tiene la ventaja práctica que importa: es un pueblecito de pescadores con una fila de restaurantes en el frente marítimo. No tienes que sentarte en una piedra — te sientas a la mesa, con el pescado delante y el espectáculo enfrente.
Marina Rubicón, si quieres comodidad
En Playa Blanca, el puerto deportivo con sus terrazas es la versión sin complicaciones: aparcamiento, paseo entre los barcos, un sitio donde sentarse y el sol bajando sobre el agua. Es la elección correcta cuando no apetece conducir hasta Famara, y con niños funciona mejor que todo lo demás.
Janubio y el faro de Pechiguera, si quieres estar solo
Las salinas de Janubio al atardecer son una de las imágenes menos fotografiadas y más impresionantes de Lanzarote: los rectángulos de agua toman el color del cielo y durante unos minutos la salina entera se convierte en un espejo rosa. Un poco más allá, el faro de Pechiguera tiene el horizonte completamente libre.
Allí no hay servicio de mesa: es el atardecer de botella en la mochila y dos vasos traídos de casa. Lo cual, ciertas tardes, es exactamente lo que uno quiere.
Y si te quedas en la ciudad
En Puerto del Carmen, en la Avenida de las Playas, el Café la Ola tiene piscina y zona lounge pensadas justo para esa hora. No tendrás el sol cayendo al mar delante de los ojos, pero tendrás la luz buena, un cóctel decente y nadie preguntándote cuándo dejas la mesa.
Dos reglas
Llega una hora antes. El buen atardecer no es el instante en que el sol toca el agua: son los cuarenta minutos previos, cuando la luz baja y todo se vuelve más cálido. Quien llega al final se pierde lo mejor y encuentra las mesas ocupadas.
En octubre el sol se va pronto. Ya estamos por debajo de las ocho de la tarde y se acorta unos minutos por semana: mira la hora del día antes de salir, porque llegar a Famara veinte minutos tarde es haber hecho el camino para nada.
Giacomo Piraino
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