Da Musso, la cocina ítalo-canaria de Playa Honda

Hay restaurantes que te dicen dónde estás nada más entrar. Da Musso no es uno de ellos, y ahí está el mérito. Desde la sala se ve el océano, y en las noches claras Fuerteventura es una raya oscura en el horizonte; de la cocina sale pasta estirada esa misma mañana. Las dos cosas no se pelean por el plato: se ponen de acuerdo.
Estamos en Playa Honda, municipio de San Bartolomé, a diez minutos escasos de la pista del aeropuerto. No es una plaza de postal y no lo pretende: es donde vive la gente que trabaja en Arrecife, con la playa larga al otro lado de la carretera. Un restaurante aquí no vive del que pasa. Tiene que hacer volver al que se queda.
La idea: oficio italiano, despensa canaria
La fórmula cabe en una frase — cocina italiana, ingredientes de la isla — y como todas las frases cortas corre el riesgo de no decir nada. Aquí, en cambio, se ve en los detalles.
El pescado llega de la lonja. Es la razón de que en algunas líneas de la carta, en lugar del precio, ponga s/m: según mercado. Significa que ese día se paga lo que ha costado, y que si el mar ha estado bravo ese plato no está. Es una manera incómoda de trabajar — obliga a rehacer las cuentas cada mañana — y es exactamente el motivo por el que merece la pena sentarse.
El resto sigue la misma lógica. Las gambas y los carabineros vienen de La Santa, en la costa norte, donde el Atlántico es frío y pega fuerte: el marisco que crece ahí tiene una textura que no se consigue en otro sitio. Las verduras son ecológicas, de productores de la isla, y por eso la carta se mueve con las estaciones en vez de quedarse idéntica de enero a diciembre.
Cuatro platos que explican la cocina
Si hubiera que elegir los platos por los que se entiende la casa, serían estos.
Las croquetas de risotto con gambas y coco (14 €). En la carta parecen una apuesta fusión de hace diez años. En el plato son un arancini razonado: el arroz aguanta, la gamba es de La Santa, y el coco no llega como dulzor sino como grasa — rebaja la punta salina del marisco en vez de taparla. Es el plato que declara las intenciones de la casa.
Las sardinas rellenas de batata a la mediterránea (14 €). Aquí el cruce va al revés: pescado azul humilde, de los que en la isla se comen desde siempre, y dentro la batata, que es el ingrediente canario por excelencia. Un plato italiano de técnica y canario de fondo. Cuesta catorce euros y podría estar en una carta de escuela.
Los tortellini rellenos de mortadela y jamón, pasados por la brasa, con fondue de parmigiano (18 €). Es el plato que no esperas en una isla atlántica, y el paso por la parrilla es lo que lo hace de aquí: la pasta rellena coge un ahumado ligero antes de encontrarse con la fondue. Emilia con humo dentro.
Las orecchiette con grelos y albóndigas fritas de boquerones (16 €). El plato pugliés como debe ser, con los boquerones fritos aportando crujiente y sal. Los grelos en Lanzarote no crecen: es una de esas líneas en las que la carta admite que Italia sigue siendo el punto de partida.
La parrilla, que es la otra mitad del sitio
Quien llega pensando en la pasta se arriesga a perderse lo mejor. Aquí la parrilla no es el recurso del que no quiere primero: es un departamento con carta propia.
En carne: picanha (22 €), entrecot (20 €), secreto ibérico (22 €), costillas de cordero (24 €), butifarra (14 €). El chuletón de Rubia Gallega se vende al peso — 8,50 € cada 100 gramos — que es la manera honrada de tratar una pieza así: se elige el corte y se paga ese. La parrillada mixta para dos está a 38 €, y es el camino más corto para entender la brasa en una sola noche.
En pescado la carta se vuelve lacónica por fuerza: pescado del día a la brasa o frito, ambos a s/m. Y el pulpo en pignatta (20 €), cocinado despacio en el barro, una preparación de gente paciente que por eso casi nadie hace.
El resto de la carta
Entre los entrantes, la ostra gallega se toma por unidad (4 €), el marisco del día va a s/m, el ceviche del día está a 18 €. Luego la bombetta de pez espada (14 €), las albóndigas de berenjena rellenas de scamorza en salsa de tomate (12 €) para quien quiera quedarse en tierra, el capocollo con burrata e higos a la miel (16,50 €) y el atún a la brasa con verduras en agridulce (16 €).
Entre los primeros, además de los ya dichos, están los tonnarelli con almejas (16 €), las pastas rellenas del día (18 €), una pasta vegetariana (16 €) y el risotto de gambas con crema de burrata y aroma de cítricos (18 €). La pasta de marisco para dos está a 50 €.
Guarniciones entre 4 y 8 euros: ensalada mixta, patata al cartucho, puré de batata, caponata de verduras, papas fritas, chips cacio e pepe. Los postres son caseros.
Cuánto se gasta
Echando cuentas sobre la carta: un entrante y un primero por cabeza, con agua y una copa, salen entre 35 y 45 euros por persona. Quien vaya a la brasa comparte la parrillada para dos a 38 € y se queda por ahí. Quien pida la Rubia Gallega, los carabineros y el pescado a s/m sube, pero lo sabe de antemano — y está bien así: son las líneas en las que el restaurante no finge que el buen pescado cueste como el otro.
El IVA está incluido. Hay opciones vegetarianas, veganas y sin gluten, pero hay que decirlo al reservar, no al sentarse.
Dónde, cómo, cuándo
Calle Princesa Ico 1, 35509 Playa Honda, municipio de San Bartolomé. Dos salas interiores y mesas al aire libre sobre el océano — las de fuera, al atardecer, son las primeras en irse.
Se reserva directamente por WhatsApp, en el +34 663 80 54 72. Sin portales y sin comisiones: contesta el restaurante. Para cumpleaños, cenas de empresa y fiestas privatizan la terraza y cierran un menú a medida.
Una última nota práctica, que vale más que muchas reseñas: Playa Honda es la elección inteligente para quien aterriza tarde o sale al amanecer. Se come a diez minutos de la terminal, con el mar delante, en un sitio donde por la noche las mesas las llena la gente de la isla. Que siempre es la mejor señal.
Anna Borlenghi
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